Jueves 20 de septiembre de 2012

JUJUY

Debate sobre el origen de nuestra opresión como trabajadoras, estudiantes y mujeres de los pueblos y naciones oprimidas

El pasado jueves 13 realizamos el segundo encuentro del Seminario “La cuestión de la Mujer desde el Marxismo”, en la Facultad de Humanidades.

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El pasado jueves 13 realizamos el segundo encuentro del Seminario “La cuestión de la Mujer desde el Marxismo”, en la Facultad de Humanidades. Estudiantes, trabajadoras y trabajadores abordamos el origen histórico y social de la opresión de la mujer, con nuestra compañera Romina Amaya, docente y estudiante de Antropología, que desarrolló la profunda ligazón que tiene nuestra opresión con el origen de la propiedad privada y la sociedad de clases. Para ello recorrimos la historia de las sociedades pasadas, desnaturalizando la idea de que el tipo de familia hoy más conocida y extendida (monogámica y heteroparental), fue la única existente y demostrando que su imposición se inició con la necesidad de perpetuar la propiedad privada a través de la herencia, por linaje paterno. Por esto las mujeres fuimos recluidas al ámbito del hogar, para garantizar la legitimidad de la descendencia, asignándonos un rol principalmente de reproductoras que significó, como bien dijo Engels, “la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo”.

Un valioso aporte al debate

Continuamos la jornada con el importante aporte a la reflexión que desarrolló nuestra compañera Silvia Aramayo, docente kolla y militante del PTS, exponiendo las particularidades que este proceso tuvo en América Latina. Silvia, siguiendo el estudio y las contribuciones al tema del historiador trotskista Luis Vitale, destacó que la conquista hispano-lusitana irrumpió la transición hacia a un patriarcado en territorios incaicos y mesoamericanos, que se iba desarrollando por la organización económica y política que iban adoptando. Según Vitale, “cuando los españoles y los portugueses invadieron América, la mayoría de las culturas aborígenes atravesaban un proceso de transición a un patriarcado sui generis, sin existencia de propiedad privada, distinto al régimen patriarcal ya consolidado en Europa. Los conquistadores pudieron imponer su ideología patriarcal porque existía un terreno abonado por las formas de dominación impuestas por las sociedades protoclasistas inca y aztecas.”
A partir de la obtención de un excedente económico en un modo de producción calificado de comunal tributario, el modo incaico azteca de producción fue montando un sistema de centralización y distribución del producto, y esta tarea, recayó en un sector de la sociedad que se fue configurando como parte de una casta privilegiada que administraba el excedente del producto social, que vale aclarar, continuaba bajo una forma de propiedad comunal. Shamanes, caciques, jefes, sacerdotes o militares fueron integrando esta casta que se fue separando de la mayoría de la sociedad sobre la cual recaía el pago de tributos, cuestión que sentó las bases para la formación de un Estado que garantizara el dominio. Según el autor, “en las sociedades inca y azteca el Estado surgió directamente con un sector dominante que no tenía la propiedad privada de los medios de producción, pero que se fue consolidando a través de privilegios en el reparto del excedente, en las guerras de conquista y las tareas militares y de culto.”
A pesar de ello, las mujeres de las actuales nacionalidades oprimidas gozábamos en aquellos tiempos de mayores grados de libertad y protagonismo en todos los aspectos (social, político, económico, sexual, etc.) si los comparamos con el presente y también, en ese mismo momento, comparándolo con la Europa Medieval. La mujer jugaba un rol activo en la producción, en especial en la alfarería o la cestería, con técnicas y procedimientos muy avanzados.
La conquista, disolvió a sangre y fuego la propiedad comunal y aceleró la aparición de la propiedad privada desintegrando las economías locales al reorientarlas hacia la exportación de minerales y materias primas el mercado mundial en gestación. La aparición de la propiedad privada y el estado significó cerrar doblemente nuestras cadenas, enfrentado la opresión como mujeres y como parte de pueblos y naciones avasalladas, a lo que se agregó la explotación capitalista en las minas y plantaciones, alejando a la mujer de su rol preponderante en la producción.
Erróneamente todavía hoy algunos sectores indianistas se ubican desde una abstracta “cosmovisión indígena”, relegándonos nuevamente al papel de madres y esposas. Además, como bien remarcó Silvia, la Iglesia desde entonces jugó un papel importante al imponer durante siglos el mito de la virgen María, símbolo de la mujer entregada y sumisa; la misma institución que en el norte tiene fuerte presencia y sigue difundiendo esta ideología.
Nuestro desafío es retomar la real herencia ancestral de nuestras abuelas para romper las cadenas en busca de la verdadera libertad, una pelea que ante el avance del capitalismo en todo el planeta, se plantea de manera mancomunada con los obreros y obreras de la industria, los servicios y el campo, quienes producen la riqueza a diario y son una fuerza social capaz de abrir paso a una nueva sociedad libre de toda opresión y explotación.

Opiniones y desafíos hacia el XXVIII Encuentro de Mujeres

Finalizando el ameno encuentro, luego del debate en grupos, varios compañeros y compañeras tomaron la palabra, como Bety Lucio, presidenta de la comunidad guaraní de Yuto, que contó la lucha que vienen llevando adelante las mujeres por sus tierras. O un joven secundario que destacó la importancia de estudiar el origen de nuestra opresión para comprenderla y combatirla, opresión que también sufrimos las personas LGTB.
Así como el patriarcado tuvo su origen junto a la propiedad privada, destruir la misma en el camino de construir una sociedad sin clases ni explotación nos llevará a liberarnos de todas nuestras cadenas.
Porque no somos ni sumisas ni devotas, en el norte queremos seguir organizándonos, por eso también nos estamos preparando para ir al próximo Encuentro Nacional de Mujeres, para difundir nuestras ideas, para debatir y fortalecer el camino de la organización, mostrando el gran ejemplo de lucha de la Comisión de Mujeres del Ingenio La Esperanza ¡Porque queremos ser muchas más las mujeres que nos pongamos de pie por nuestros derechos!
Las esperamos en los siguientes encuentros del Seminario en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNJu, para seguir debatiendo y organizándonos hacia el Encuentro Nacional de Mujeres en Posadas.

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