Géneros y Sexualidades

GÉNEROS Y SEXUALIDADES

Menos que un suspiro

“Vamos a propiciar un debate maduro sobre el aborto”, declaró el ministro de Salud, Daniel Gollán. A las pocas horas, el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, salió a desmentirlo tajantemente: “No está en la agenda tratar este tema”. Esta vez, el discreto encanto del kirchnerismo, cada vez más discreto y menos encantador, duró menos que un suspiro.

Andrea D'Atri

@andreadatri

Martes 3 de marzo de 2015 | Edición del día

Un día antes, la presidenta abría las sesiones parlamentarias con un extenso discurso plagado de logros inverosímiles y cifras incomprobables: jubilaciones altísimas, beneficiosas reformas laborales, inicio de clases sin conflictos, ningún despido en la industria automotriz y hasta el invento de un pegamento a base de proteínas de leche. Pasaban los minutos y la enumeración no cesaba, mientras en las redes sociales se propagaba un reclamo: ¡que hable del derecho al aborto! Dentro del recinto, en el mismo momento en que Cristina Kirchner hablaba de los logros en salud pública, el diputado del PTS en el Frente de Izquierda, Nicolás del Caño, tuiteaba indignado: “¿Y por qué no menciona a las más de 300 mujeres que mueren por año por abortos clandestinos?”

A la mañana siguiente, con un discurso ambivalente, el ministro de Salud parecía hacerse eco del reclamo: proponía propiciar un “debate maduro”, aunque ignoraba que hace más de una década el movimiento de mujeres de Argentina instaló este debate en la sociedad a través de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, entre otras iniciativas. Y que de ese debate (maduro) surgió también un proyecto de ley que fue presentado ya cinco veces en el Congreso, porque fue cajoneado en cada oportunidad, incluso cuando lo firman varios diputados y diputadas del oficialismo.

El ministro subestimó también que la población encuestada en numerosas ocasiones, ha respondido (con notable madurez) que es necesario avanzar en la despenalización y legalización del aborto. Probablemente, porque no haya un solo habitante, hombre o mujer, que no haya atravesado en su cuerpo o como acompañante, la experiencia de un aborto o que no conozca a otra persona que sí lo haya hecho, teniendo en cuenta que son 500 mil los abortos que se practican cada año. Pero el ministro Gollán, señaló además que era partidario de la experiencia uruguaya de las consejerías para la mujer que quiere abortar. Y subrayó: “En Uruguay tuvo excelentes resultados y el 30% de esas mujeres que fueron a las consejerías decididas a hacerse un aborto, decidieron no hacérselo”. Lo que no dijo el ministro es que las consejerías son un verdadero “apriete” a las mujeres que, cursando una situación muchas veces difícil y con las presiones sociales y de la Iglesia, además deben someterse a estas presiones.

Así y todo, sus palabras despertaron cierta expectativa en amplios sectores de la población y especialmente en las agrupaciones que activan por el derecho al aborto. En las redes sociales, bullía una afirmación: “Yo apoyo que se propicie el debate sobre el aborto legal.”

Ni lerdo ni perezoso, Aníbal Fernández salió a desmentirlo con la letanía a la que ya estamos acostumbrados por parte del Poder Ejecutivo en lo que respecta a este asunto: “no está en la agenda del gobierno”. Tan es así, que cuando hubo posibilidades de que la Comisión de Legislación Penal del Congreso emitiera un dictamen favorable para el proyecto de legalización del aborto, un llamado de la Presidenta a la jefa de la bancada oficialista fue suficiente para que el kirchnerismo impidiera el quórum, en acuerdo con la presidencia de la comisión, en manos de Patricia Bullrich, del PRO y Diana Conti, del FpV.

Si tenemos en cuenta las estadísticas que fueron citadas por el propio ministro de Salud, durante las cuatro horas en que Cristina desarrollaba su profuso discurso, se practicaban 228 abortos clandestinos en el territorio nacional. Durante ese día, probablemente una mujer murió por las consecuencias de esa práctica. Y esa mujer, con absoluta seguridad, era joven y pobre.

Las minas de arriba y las de abajo

De esas mujeres, no habla la presidenta. A razón de 300 muertas cada año, son las más de 3 mil innombrables, de una larga década kirchnerista, en los discursos presidenciales. Quizás porque, como dijo también en la Asamblea Legislativa, ella no quiere “que me digan que soy una feminista mala”.

No sabemos a quién se le ocurriría tildar de feminista a una empresaria millonaria, antiobrera y chupacirios como Cristina, ahora amparada bajo las sotanas del Papa. Pero para despejar toda duda, se encargó de hablar de las mujeres como lo hace cualquier misógino “bromista”, cuando se autoelogió por los planes de crédito al consumo. “¿A quién no le gusta comprar cosas lindas en doce cuotas sin interés? ¡Un año! Lo utilizan todas, las que me quieren y las que no me quieren también. Porque además, el 60% de los créditos va en pilchas. Sí, no se rían, es cierto, ¡a las minas nos encantan las pilchas! A la que está abajo y quiere comprarse una pilcha linda para el fin de semana, y a la que está un poco más arriba que le gusta que la vean las amigas con mejor pilcha que a la otra. Esto le pasa a todo el mundo.”

Las de arriba probablemente no la quieran. Pero las de abajo, muchas de las cuales la votaron, son las jefas de hogar que sobreviven con planes sociales o hacen malabares frente al despido de sus compañeros; las que duermen con el temor de que sus hijas sean secuestradas por las redes de trata que actúan impunemente o que sus hijos sean asesinados por la policía del gatillo fácil. Son las que engrosan el altísimo promedio de los trabajadores flexibilizados y precarizados; las que limpian las casas de las de arriba, pero no tienen “la dignidad” vitoreada por la presidenta, porque no están registradas ni tienen derechos. Son las que se arremangan en cada inundación en la que vuelven a perder todo lo poco que han conseguido a puro esfuerzo. Son las que lloran la muerte de sus bebés, cuando sus casillas se incendian por la precariedad y por la voracidad de los negociados inmobiliarios. Son las que aún reclaman justicia por sus seres queridos aplastados entre los hierros de los ferrocarriles, consumidos por el humo envenenado de un boliche, ahogados en su propia casa de los suburbios. Son también las que mueren y ven morir a sus hijas, sus hermanas, sus madres y sus amigas en abortos clandestinos.

Como escribió rápidamente una tuitera desde La Docta, con el típico humor cordobés: “¡Qué me importa tener trabajo precario, no tener vivienda digna, que importa morir en un aborto clandestino...SI PUEDO IR A COMPRAR PILCHAS!”

El kirchnerismo, al que desde hace algunos años describimos como un gobierno de doble discurso, se ha transformado en la versión más farsesca de sí mismo. Cristina Kirchner se arroga la propiedad de la alegría. Pero a esta altura, parece que de quienes se ríe, es de nosotras, las de abajo.






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