Lunes 17 de diciembre de 2012

Tres historias, tres mujeres, una clase

Celeste Murillo@rompe_teclas

CAROLINA MUZZILLI ...nació en 1889, dos años después de que censaran a la primera obrera gráfica en Argentina. Nunca se conocieron, pero Carolina, a los veinte años, se propuso organizar a las obreras gráficas de Buenos Aires, donde estaba la mayoría de los talleres. Las mujeres tienen los peores puestos, trabajaban a destajo, son despedidas cuando se embarazan, cuando faltan porque sus hijos se enferman o cuando ellas se enferman. Muchas dirán, “eso sigue pasando”, “sigue habiendo injusticias”. Pero sigamos con la historia... En 1906 hay una huelga muy importante, las mujeres participan con todo: es un triunfo, consiguen el primer convenio colectivo. En 1907, nace la Federación Gráfica Bonaerense. Carolina, que es militante socialista, se reúne con las trabajadoras, organizan charlas sindicales, arman una biblioteca. No se quedan en el gremio, ayudan a las lavanderas, un sector superexplotado. Las asesoran en el local de la Federación, con la ayuda de Julieta Lanteri (la primera mujer que vota en América Latina, y que se merece su propia historia) y las mujeres socialistas. Carolina cree que las mujeres deben pelear por sus demandas, pero codo a codo con sus compañeros de clase, en los sindicatos, en sus organizaciones.

GENORA JOHNSON DOLLINGER ...escuchó hablar de los “trotskistas de Minneapolis” de 1934, que habían ganado la huelga de los camioneros. Era militante del ala izquierda de la Juventud del Partido Socialista norteamericano. Junto a otros militantes, venían organizando los sindicatos en la ciudad de Flint. En 1936, la patronal de la General Motors despide a tres activistas que se niegan a desafiliarse del sindicato. La respuesta es determinante: el 30 de diciembre, un turno entero se declara en huelga y se queda en la planta. La acción se repite en otras. El año nuevo empieza con las fábricas tomadas. Genora organiza, entonces, la Brigada Auxiliar de Mujeres. Recorre las casas de las esposas de los obreros, les propone sumarse, discuten, leen juntas, arman una guardería donde se quedan los chicos mientras las mujeres se reúnen y van a los piquetes. La Brigada reúne mil mujeres, y cuando la situación se tensa, se niegan a quedarse nada más que pelando papas. Cuenta Genora: “Darles a las mujeres el derecho a participar en las discusiones con sus esposos, con otros miembros del sindicato... era un cambio radical.” Sigue la toma, la patronal se desespera, los obreros resisten sin calefacción en pleno invierno, consiguen comida de contrabando. Se ordena el desalojo, pero el sindicato y la Brigada de Mujeres rodean la planta con un piquete. Genora habla por el parlante: “Crucen la línea de policías y vengan aquí a defender a sus esposos, sus hermanos... Anochecía y apenas pude ver a una mujer caminando hacia la zona de batalla. Y otras mujeres la siguieron, luego más hombres... cada vez que hubiera una batalla amenazadora, nosotras haríamos la diferencia.”

La historia sigue, la huelga triunfó y no solamente la huelga. Se fortaleció entre los trabajadores la idea de construir un partido independiente de la patronal. Una mujer de la Brigada dijo: “Ya no éramos más individuos, éramos parte de una organización.” ¿Hay algo más poderoso?

ALEXANDRA KOLLONTAI ...era militante del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR). Era 1905 y la participación de las mujeres en las huelgas era indiscutible, ¡no había una que no tuviera reclamos femeninos! Era evidente que había que sumarlas, por eso Alexandra luchaba por organizarlas, aunque los dirigentes mencheviques del POSDR (los que depositaban confianza en la burguesía) estaban en contra. En 1911 empieza a celebrarse el Día la Mujer. Otra vez hay diferencias: los mencheviques dicen que marchen sólo las obreras, y los bolcheviques (los que peleaban por un partido obrero independiente de todas las alas de la burguesía) dicen que no, que esa fecha debe ser conmemorada por toda la clase obrera, hombres y mujeres, y desde 1914 publican el periódico “La Obrera”, para impulsar la organización de las mujeres trabajadoras. En 1915, mientras está exiliada porque la perseguían por su militancia revolucionaria, Alexandra vuelve a encontrarse con los bolcheviques en las protestas contra la Primera Guerra Mundial y se integrará a sus filas definitivamente.

En 1917, el Día de la Mujer empieza con una huelga de las obreras textiles, transformándose en el primer día de la Revolución Rusa que dio lugar al primer Estado obrero de la historia. Alexandra sigue luchando por la organización de las trabajadoras, ahora con un enorme horizonte por delante: la clase obrera toma el poder, las obreras conquistan derechos que, en Estados Unidos o Europa, las mujeres ni sueñan todavía: educación, derecho al voto, pero también el derecho al aborto, el divorcio, igualdad salarial. Se abre así la posibilidad de cambiar la vida de millones de mujeres. Porque la revolución, al contrario de lo que dicen muchos, no deja nada para mañana ni pospone “temas secundarios” para más adelante, sólo abre nuevas y enormes posibilidades.

Volviendo al principio, muchas dirán, “eso sigue pasando”, “sigue habiendo injusticias”. A lo mejor, es la hora de “cruzar de la línea”, ya no solamente para defender a nuestros compañeros... hoy, las mujeres somos la mitad de la clase obrera. Es la hora de empezar a escribir nuestra propia historia.